Niño de 7 años le envió un mensaje a Dios por WhatsApp y él respondió


Fue una noche fría en la que el pequeño Esteban vio a su mamá por última vez; apenas tenía 7 años y ya había conocido el dolor más grande: la pérdida de la mujer que le dio la vida. Al principio del velorio tenía la esperanza de que esa mujer pálida -a la que llamaba “mami”- abriera los ojos, pero al transcurrir la noche se dio cuenta de que eso no ocurriría. 

Al llegar al panteón el niño se dio cuenta de que la verdadera razón por la que su mamá dormía en un cajón tan extraño era porque ya nunca volvería a casa. Ya no la escucharía cantar, ni darle las buenas noches o el beso de despedida para ir a la escuela. Todo lo ocurrido derrumbó el mundo de Esteban y también el de su padre, el señor Roberto Morales, quien tenía el corazón destrozado tras la pérdida de su amada esposa; pero lo que más le dolía en esos momentos era ver los ojos de su pequeño llenos de lágrimas. 



Aunque en el fondo de su corazón Roberto sabía que esto era lo mejor, su mujer había luchado 2 años contra el cáncer en los huesos; ya ni siquiera podía caminar, había perdido su hermosa cabellera castaña hacía tiempo, y el dolor no la dejaba dormir. Sabía que su amada se había librado del sufrimiento, y a pesar de todo le dolía en el alma.  



El duelo fue complicado, y Roberto aún debía cumplir la última voluntad de su mujer. Recordaba cada día sus palabras: “Por favor, amor, prométeme que llevarás a Esteban a la iglesia, déjalo que se acerque a Dios, porque en él encontrará consuelo”. 


Él no era un hombre devoto, no creía en la reencarnación ni en poner la otra mejilla al enemigo; era práctico, un poco agresivo.  Tampoco era muy cariñoso con su hijo, pero lo amaba mucho. Contra su voluntad lo llevó al catecismo, para honrar la memoria de su querida esposa. 

Pasaron unos meses. Cada sábado a las 9 de la mañana llevaba a Esteban a la iglesia del pueblo. Al principio el niño estaba muy confundido y hacía muchas preguntas que su padre no podía responder… “¿Quién es Dios, papi? ¿Por qué me dijo el señor de la iglesia que es el padre de todos nosotros?” Era muy curioso y a veces muy insistente, pero su papá lo veía cada vez más tranquilo, como si acercarse a ese lugar lo hiciera recuperar la esperanza. 


Una tarde de sábado regresó de la iglesia como siempre, pero esta vez se veía feliz. Corrió hacia los brazos de su padre y dijo algo que dejó helado a Roberto: “¡Papá, papá! ¿Sabías que Dios puede hablar con mamá? Entonces puedo saludarla y preguntarle cómo está, el padre nos enseñará a hablar con él”. Al principio el hombre se molestó, no podía creer cómo le habían dicho eso a su pequeño, quien aún extrañaba a su madre… pero al verlo tan entusiasmado con la noticia no tuvo corazón para decirle otra cosa. 


El niño rezaba todas las noches, pedía a Dios por su madre, por su papá y por toda su familia, pero nunca podía tener respuesta de ese ser todopoderoso que, según el padre de la iglesia, podría comunicarse con su mamá. ¿De qué servía que rezara si no podía escuchar a Dios? Una noche Roberto entró a la habitación de su hijo y le dio un pequeño papel con un número telefónico: “Mira, mi amor, te conseguí el número de teléfono de Dios, ahora podrás hablar con él por WhatsApp ¿Por qué no lo intentas?” El pequeño entusiasmado guardó el número e inmediatamente comenzó a escribir un mensaje. Esperó despierto un rato y no obtuvo respuesta… así que decidió dormir, un poco decepcionado y secándose las lágrimas de los ojos.


A la mañana siguiente la sorpresa de Esteban fue increíble: Llegó corriendo a la habitación de su papá y le dijo entusiasmado: “¡Papá, papá! ¡Mira, Dios me contestó! ¡Sí es su celular, tenías razón!”. Roberto lo abrazó y no pudo contener las lágrimas. El niño sorprendido le puso su manita en el rostro y le dijo: “No llores, papá, Dios dice que mamá está bien, que ahora está mejor, ya no le duele nada y siempre nos amará mucho”. Ambos se abrazaron, y cuando Esteban salió de la habitación Roberto recibió un nuevo mensaje. Sacó un celular viejo y usado de abajo de su almohada y leyó el siguiente mensaje: 

Dios, mi papá está muy triste, creo que extraña a mamá. ¿Puedes decirle que todo estará bien? Y también dile a ella que estamos bien y que también la amamos mucho”. Roberto sonrió y comenzó a escribir… “Claro que sí, hijo mío, dile a tu padre que todo estará mejor de ahora en adelante porque no están solos, se tienen el uno al otro”. 

Roberto escondió el celular en un cajón, tomó su teléfono de uso diario y se levantó a preparar el desayuno a su hijo. Quizá no era un hombre devoto, no creía en Dios, no le gustaba ir a la iglesia y ni siquiera rezaba por las noches para salvar su alma; pero no podía arrebatar a su hijo la ilusión y la esperanza que ese Dios le había dado. 

Esteban reza todas las noches, y después de hacerlo le manda un mensaje a Dios por WhatsApp, el cual es contestado cada mañana con mucho amor y esperanza.

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