La terrible historia de los “súper bebés nazis” que Hitler ocultó y sus horribles consecuencias


Los horrores cometidos contra la humanidad durante la Segunda Guerra Mundial no tienen nombre. Después de décadas de esa terrible tragedia el mundo no se ha recuperado de las increíbles pruebas secretas que desarrollaron los científicos nazis. 



Los campos de concentración fueron testigos silenciosos de crueles e innecesarios experimentos con humanos, desarrollo de armas biológicas y químicas e innumerables torturas. Y cada año se descubre un poco más sobre las verdaderas intenciones del régimen de Adolf Hitler, quien infectó a mentes jóvenes con sus ideas de “superioridad racial”. 




Sabemos mucho sobre los crímenes de guerra, la discriminación y la alucinante idea de crear un imperio dominado por la raza aria; pero hay una historia más allá del adiestramiento en escuelas, la obligación de la juventud alemana de aprender y adoptar los ideales nazis. Aparte de eso existió un programa secreto, para la cría selectiva de bebés arios. Fue llamado “Lebensborn”, palabra que significa “La fuente de la vida”. 


El propio Heinrich Himmler, líder de la SS (Policía Secreta alemana o Gestapo), coordinó este estremecedor plan para expandir los ideales del Tercer Reich o régimen nazi. De esa manera se aseguraban que incluso después de la guerra -independientemente del resultado- los “valores” y la “cultura” propios de la raza aria seguirían vivos dentro de los genes y enseñanzas de los infantes cuidadosamente seleccionados. 


Este escalofriante programa se comenzó a implementar en 1935, y consistía en la cuidadosa selección de hermosas mujeres con rasgos “puros” -a los ojos de los alemanes-, quienes tenían la tarea de procrear bebés saludables y con características de la ‘‘raza superior alemana’’.  Debían tener cabello rubio, ojos azules y comprobar, a quienes dirigían los albergues, que sus padres tenían genes puros o “biológicamente valiosos”. Sólo de esa manera tenían acceso a los cuidados especiales de Lebensborn.


Himmler alentó a oficiales de la SS a procrear hijos fuera de matrimonio con algunas de las mujeres seleccionadas, ya que así aseguraban el nacimiento de niños saludables, leales y de mentes moldeables que apoyaran las enseñanzas del Tercer Reich. Alrededor de 8,000 niños nacieron entre los años 1936 y 1945, y fueron dados en adopción a familias alemanas consideradas valiosas y de buena procedencia. Por lo general eran de oficiales de la SS, para que fueran criados por hombres leales al nazismo. 


Este inquietante programa no se limitó a la concepción de bebés puros, también rescató a pequeños con características valiosas de otros países, como Polonia, Francia y Checoslovaquia, pues los alemanes consideraban a sus habitantes ejemplares de la belleza aria. Durante el periodo de lucha armada se registraron alrededor de 200 mil niños secuestrados, los cuales fueron reubicados en hogares de familias simpatizantes de Hitler. 



Cuando la guerra terminó fueron descubiertos los horrores de este programa, y aunque encontraron los registros de los niños concebidos bajo el Lebensborn, poco pudieron hacer para ayudarlos, pues muchas familias que adoptaron a los llamados “súper bebés nazis” los asesinaron y después se suicidaron para no caer en manos del enemigo. 


Miles de niños murieron de esta trágica manera. Fueron víctimas inocentes, pequeños separados de sus familias o bebés creados a través de métodos artificiales para servir a los enfermizos ideales del Reich, y aun así el mundo los juzgó como monstruos, igualmente responsables que sus creadores. 

Los pequeños sobrevivientes fueron considerados nazis, traidores a los ideales de igualdad que exigía el mundo después de la crueldad de la guerra. Haber sido perfectos a los ojos de los alemanes fue su castigo, por ello ninguna familia quería hacerse cargo de ellos: sufrieron la misma discriminación que sus creadores practicaron contra los judíos y los opositores al régimen. 


Noruega fue otro país donde también se establecieron hogares destinados a la crianza selectiva, ahí nacieron miles de niños “puros”. Pero poco pudo hacer el gobierno para dar en adopción a todos los que fueron rescatados después del conflicto. La gente asociaba esos rasgos como propios del horror, de la crueldad y de los retorcidos ideales de “perfección” y “superioridad” impuestos por Adolf Hitler; sus rostros angelicales y sus ojos azules los condenaron a sufrir; terminaron pagando los errores de su pueblo con rechazo y soledad. 


¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que se terminen los horrores que dejó una de las guerras más sanguinarias de la historia? Lo único que nos queda es esperar y no perder la esperanza, porque cada día nos damos cuenta de la terrible realidad que vivieron cientos de sobrevivientes. Pero lo que es seguro es que la humanidad no ha aprendido nada aún. 


Podemos ver el mismo patrón en Siria y Alepo: víctimas inocentes, muertes aterradoras, crueldad, niños sufriendo y poco interés en la vida de nuestros hermanos. ¿Es que la humanidad no ha tenido ya suficiente dolor?

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