Trabajó 92 años como portero y el día de su muerte descubrieron algo desgarrador…


Hemos visto a mucha gente de origen humilde que acumula riquezas y cambia drásticamente en todos sentidos, o como bien dicen por ahí: se suben a un ladrillo y se marean. ¿Cuántas veces hemos escuchado o incluso dicho que si ganáramos la lotería no cambiaríamos nuestra forma de ser? Bueno, eso fue exactamente lo que hizo Ronald Read, conserje de Vermont, Estados Unidos. 




Este hombre, de aspecto muy humilde, sorprendió a todos después de su muerte al descubrirse que sus bienes ascendían a casi 8 millones de dólares. 

Incluso su abogada, Laurie Rowell, dijo en una entrevista para el programa “Closing Bell”, de CNBC, lo sorprendida que quedó al enterarse del monto de la fortuna de su cliente. Agregó que unos años antes Ronald le comentó que sus ahorros ascendían a 3 millones, pero nunca imaginó que al morir, a los 92 años, guardara 6.8 millones en una caja de seguridad del banco. La misma sorpresa se llevaron familiares y conocidos del señor Read, incluidos sus hijastros.

En el mismo programa Diana Garrick, fundadora y presidenta de Clear Alternatives, mencionó que muy probablemente Read acumuló ese dinero en la década de los 70, antes del ¨boom¨ de la tecnología, cuando las tasas de interés estaban en ceros.

Veterano de la Segunda Guerra Mundial, Read fue siempre un hombre sencillo. Después de la guerra regresó a Brattleboro, Vermont y durante 25 años trabajó en una gasolinera de su hermano. 


Se retiró, pero al parecer estar sin hacer nada no era para él y siguió trabajando como conserje en una tienda departamental. 

Su forma de vestir, casi siempre con viejas camisas de franela, y sus hábitos de vida diaria, no mostraban que fuera un hombre rico.


Ronald amasó su fortuna siendo cuidadoso con su dinero, leyendo el periódico “The Wall Street Journal” e invirtiendo en la bolsa, tenía un don natural para entender el mercado de valores. Invirtió en compañías reconocidas como AT&T, Bank of America, General Electric y General Motors.  Según su abogada, las conocía bien y sabía que le harían ganar dinero. 


Sus últimos días los pasaba entre la biblioteca Brooks Memorial y el Hospital Memorial Brattleboro, que fueron los mayores beneficiarios de su fortuna. Ronald donó 1.2 millones a la biblioteca y 4.8 millones al hospital, lo cual fue enorme bendición para ambas instituciones.



De esta increíble historia es importante reflexionar sobre dos puntos. El primero es que se puede ahorrar una suma considerable, si nos informamos en cómo invertirlos y llevando una vida sencilla, alejada de lujos. Pero, por otro lado, ¿de qué sirve trabajar y reunir esa cantidad, si no la disfrutamos ni siquiera en la vejez?. Quizás eso depende de la forma que cada quien tiene de ver las cosas y de cómo decide vivir su vida.

Si estuvieras en su lugar, ¿hubieras hecho lo mismo o hubieras preferido darte vida de rey?
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