Su papá le regaló un oso y ella murió 3 días después. Cuando vieron el oso entendieron por qué


Un oso de peluche era lo que Ana deseaba más en el mundo, tenía sólo 6 años y le daba miedo la oscuridad, por eso cuando era la hora de ir a la cama tardaba mucho en conciliar el sueño. Siempre se escapaba a media noche a cama de sus padres, Elisa y Diego;  cuando se negaban a dejarla pasar, ella lloraba con tanta fuerza que despertaba a los vecinos. 

Su papá la amaba mucho y trabajaba larguísimas jornadas en una maquiladora para poder acompañar a Ana a la escuela, llevar alimento a su casa, y comprarle lo que necesitaba para estar bien, pues la pequeña era muy enfermiza. Las alergias eran muy comunes en la época de primavera y el calor de Chihuahua no ayudaba mucho, pero a pesar de todo, sus padres se las arreglaban para cuidar bien de ella. 



Eran tiempos complicados para esta humilde familia, pues vivían en un barrio sencillo, su casa estaba hecha de madera y aunque hacía un año su padre había juntado dinero para arreglar el piso de la casa, su patio aún era de tierra, había animales callejeros y vagabundos por todos lados, un lugar no muy agradable para vivir. A pesar de todos los problemas y las carencias Ana siempre estaba sonriendo, era lo que iluminaba el rostro de su padre después de 13 horas de trabajo diario.  


El cumpleaños de la pequeña estaba por llegar, era una fecha muy esperada por Ana, porque aunque no recibía ningún regalo, su madre se esmeraba en preparar enchiladas verdes de queso, su platillo favorito y su padre llegaba temprano del trabajo, sólo para estar más tiempo con ella. Pero ese año fue diferente, porque su papá, el señor Diego llegó a la casa con un paquete, el cual estaba envuelto con papel plateado y un moño color azul. El papá logró juntar un poco de dinero para comprar un regalo a su nena. Sus ojitos brillaban, estaba feliz pues nunca antes había recibido nada. 


La emoción de la pequeña aumentó cuando su papá le dijo: “Ábrelo mi amor, es para ti. Feliz cumpleaños”, la nena abrazó a su papá con fuerza y después de romper el papel sacó de la caja un tierno oso de peluche . “Gracias papi, era lo único que quería” dijo la nena mientras apretaba su nuevo muñeco, “Ya no le tendré miedo a la oscuridad”. 

Su esposa le preguntó extrañada de dónde había conseguido el dinero para comprar el juguete, pero Diego sólo le dijo que lo había comprado a un hombre en la calle, un sujeto que vendía ropa y juguetes usados, pero lo importante era que su pequeña estuviera feliz. Sin embargo esa alegría duró muy poco tiempo. Dos días después de su cumpleaños, la pequeña comenzó a estornudar y toser mucho durante la noche, le dieron un poco de medicina y durmió tranquilamente, sin embargo los malestares no acabaron ahí. 


Al día siguiente su madre la notó un poco agitada, y al lavarse los dientes para ir a la escuela, escupió un poco de sangre, el fluido venía de sus encías. Cuando la niña llegó de la escuela lucía pálida y temblaba, tenía mucho frío pero cuando su madre tocó su frente se dio cuenta que estaba ardiendo en fiebre. “Mami, no puedo respirar” dijo la nena, mientras se desvanecía en el suelo. 


Elisa, su madre, se horrorizó al ver a su pequeña con los dientes llenos de sangre y notó que sus brazos estaban cubiertos de extrañas manchas. Llamó a una ambulancia y a su esposo inmediatamente; al llegar al hospital los doctores actuaron rápidamente y lograron reanimarla por unos segundos. Su padre llegó corriendo al hospital y pudo ver a su niña en la camilla, estaba pálida, con los labios blancos y unas manchas rojas que aparecieron por todo su cuerpo. 

Los doctores no lograban encontrar lo que ocurría con la niña, aunque después de varios estudios descubrieron que tenía rickettsia. Esta enfermedad sumada a las alergias había afectado muchísimo a la pequeña. El cuerpo de Ana no resistiría más. La enfermedad había sido contagiada a la niña por varias picaduras de garrapatas, pero ¿cómo era posible si ella no tenía ni perros ni gatos?


Su padre estaba en shock, no podía creer lo que ocurría y después de un rato la nena le pidió un último favor: que le llevara su osito; él entró a la habitación con el muñeco en la mano y se lo dio a su hija… quien con una voz débil dijo sus últimas palabras: 

Papi, no llores, de todas maneras ya no le tengo miedo a la oscuridad”. Ana murió esa noche en el hospital, tres días después de cumplir los 7 años. Las enfermeras estaban a punto de llevarse el cuerpo de la pequeña cuando una de ellas gritó horrorizada “¡Que asco!” y tiró el oso de la pequeña al suelo, al impactarse en el piso, varias garrapatas comenzaron a salir…


Su padre no podía creerlo… la muerte de la pequeña había sido por su culpa cuando él lo único que buscaba era darle un regalo especial a su hija. Hoy el funeral de la pequeña Ana ha terminado, y para que no tema a la oscuridad nunca más, su padre dejó un nuevo oso de peluche en su tumba. 


Nunca se atrevió a confesarle a su esposa que en realidad encontró el amado regalo en un terreno abandonado y que sólo lo lavó antes de dárselo a su hija, sin revisarlo y sin asegurarse de que estuviera en buenas condiciones; este es el secreto con el Diego ha tenido que vivir.

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