La mal educada empleada recibe una lección que nunca olvidará luego de burlarse del peso de una mujer


¨No vendemos ropa para gente gorda como usted¨, dijo la empleada de la tienda. Casandra estaba muy emocionada porque faltaba poco para la boda de su hermana menor, así que aquella mañana decidió salir a buscar un vestido elegante para la ocasión. Ir de compras no era algo que la emocionara, los kilos de más la hacían pasar momentos incómodos; siempre había algo que le gustaba, pero a la hora de preguntar por su talla la respuesta era ¨no hay¨, pero lo que esta empleada le hizo fue demasiado…



Todo comenzó cuando uno de los mejores amigos de Casandra le dijo que fuera a su tienda para elegir el modelo que más le gustara. Ella estaba muy contenta porque sabía que ahí tenían tallas grandes, pero la cara le cambió cuando se topó con la chica de la vitrina. 


Después de un par de minutos Casandra se sentía decepcionada. La ropa era espectacular y los colores le encantaron pero, como SIEMPRE, no había nada que le quedara, así que preguntó a la empleada: ¨Disculpe que la moleste, señorita, ¿me podría decir de qué lado están las tallas grandes?¨ La chica parecía estar muy molesta, vio de arriba a abajo a Casandra, como si le diera asco tenerla enfrente y  contestó: ¨¿Para usted? Está muy equivocada si piensa que alguna prenda de aquí le va quedar, ¿por qué mejor no se va a una tienda para gente gorda?¨. 


En ese momento fue como regresar al pasado en minutos, todas esas voces diciéndole lo gorda que era invadieron su mente; las burlas de los niños, su madre pidiéndole que dejara de comer tanto y aquella vez que el chico que le gustaba la humilló. ¿Cómo era posible que después de tanto tiempo aún sintiera cada comentario como una puñalada? 

Casandra respiró profundo y aunque las ganas de llorar estuvieron a punto de ganarle, le dijo: ¨No tienes por qué hablarme de esa forma, soy talla XL pero busco ropa aún más grande porque me gusta lo holgado. Sé que en este lugar hay tallas grandes, sólo necesitaba un poco de ayuda¨. 

Pero la empleada tenía ganas de sacar todo su coraje con alguien y continuó:¨ Pues si no encontró nada es porque no hay ropa para usted, ¿por qué no se envuelve en una sábana? Así no batalla¨. 


Afortunadamente Casandra no perdió la compostura y pidió a la chica que le permitiera hablar con su jefe. Por supuesto ella se negó enseguida. Ninguna de las dos se dio cuenta de que Manuel, el amigo de Casandra, estaba escuchando la incómoda conversación. Después de la grosería de la empleada se le acercó lentamente, y mientras le tocaba el hombro le dijo: ¨No sé si sepa, señorita, pero la mujer a la que usted acaba de ofender es mi amiga hace más de 10 años, y resulta que soy el dueño de varias tiendas de ropa, incluida esta¨. La chica estaba impactada, ni siquiera parpadeaba. ¨Mucho gusto, acaba de conocer a su jefe, quien está muy molesto por la manera inaceptable con que trata a los clientes¨. 

Pero la prepotente empleada aún tenía esperanza de que todo fuera una mentira y llamó al gerente, quien rápidamente reconoció al señor Manuel y muy apenado se disculpó. 

El gerente llevó a Casandra al área de las tallas grandes, quien después de tan mal sabor de boca eligió un lindo vestido. ¿Por qué nos seguimos topando con gente amargada? Nadie tiene porqué soportar malos tratos, todos somos diferentes y no tienen derecho a menospreciar la forma de nuestro cuerpo. Afortunadamente en este caso la empleada fue descubierta y despedida, pero ¿cuántos casos se viven a diario y nadie dice nada?

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