Adoptó a un niña de 3 años, 6 meses después se dio cuenta que había cometido un error


Dicen que la naturaleza es sabia. Hay mujeres que no nacieron con vocación para ser madres, a pesar de que llevaron un pequeño en el vientre, de pasar por labor de parto y, por fin, tener en sus brazos un cuerpecito que lo único que necesita es amor. También hay mujeres frías, que no se conmueven con nada. Tal es el caso de Naisha, esta mujer no tuvo coraje para luchar por sus hijas. 




Sucedió en la India. Naisha se embarazó ¨por accidente¨; en sus planes nunca estuvo tener un hijo y 9 meses después Muni llegó a su vida. Aquella tarde hacía mucho calor, los dolores la mataban pero no estaba emocionada por conocer a su hija; se sentía molesta y sólo pensaba en la carga que sería lidiar con un bebé. Llamó a su pareja para que la llevara al hospital y él se negó porque tenía mucho trabajo. 


Una vecina la llevó y dos horas después dio a luz. Cuando la enfermera le llevó a la bebé dijo que se sentía muy cansada y que no quería estar con ella. Pidió que la alimentaran con fórmula láctea para no darle pecho. A la mañana siguiente regresó a casa con la pequeña Muni. El padre ni siquiera se tomó tiempo para abrazarla. Desde entonces la vida de la niña se volvió un infierno, podían pasar días sin que le dieran comida. 3 años después Naisha tuvo a Durla, quien corrió la misma desgracia. 

No había día en que la madre no les gritara y les dijera que eran un error. Muni, a sus 8 años, no sabía lo que era una caricia en el rostro, un beso antes de dormir, que mamá le cepillara el cabello o la tomara de la mano al caminar. Pero lo peor era cuando su padre alcohólico descargaba toda su furia en ella. Muni lo recuerda como si hubiera sido ayer: en una discusión golpeó a su mamá. Muni intentó ayudarla; el hombre rompió una botella contra la mesa y le rasgó la frente y parte de la nariz. Su madre la llevó a un orfanato porque era un problema para su relación. 


Ahí la conoció Kristen Williams, profesora de Ohio, quien se enamoró de ella. Otros padres adoptivos rechazaban a Muni porque era callada, nunca sonreía y su mirada intimidaba a cualquiera. Kristen vio a una pequeña con cicatrices profundas -no solamente la que tenía en la cara- y decidió adoptarla. Fue un proceso de dos años para llevarla a su casa. 

Kristen volvió al orfanato 6 meses después y Muni iba con ella. Una sonrisa iluminaba su rostro. Pero todo cambió cuando vieron a Durga, su pequeña hermana. La madre la dejó tirada en un terreno baldío donde los insectos le comieron la nariz. Por fortuna los rescatistas la encontraron y la llevaron al hospital.



Cuando Muni la vio no pudo contener el llanto. Ya tenía madre, era feliz y le partía el alma ver a su hermanita en esa situación. Kristen no tuvo corazón para dejar a Durga, así que inició los trámites y ¡también la adoptó! Esta mujer no sólo tuvo valentía para ser madre de dos niñas que no eran de su sangre sino que tomó la responsabilidad de sanarles cada una de las cicatrices de su pasado, no sólo por fuera, también por dentro. ¡Un ejemplo para muchas que dicen ser madres! 


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