A los 13 fue violada por sus amigos y nunca dijo nada. 2 años después pasa algo peor…


Si la vida diera a las madres la oportunidad de elegir un deseo, sin duda sería estar con sus hijos cuando corren peligro. Nadie te asegura que al dejar a tus hijos en la puerta de la escuela van a estar a salvo, pero hay que aprender a soltar aunque la gente mala esté más cerca de lo que imaginas. Linda es una madre soltera que a pesar de que tiene el alma destrozada quiere compartir su historia con el mundo…



¡13 años! Una jovencita que apenas empieza a entender lo que es la vida; ya no es una niña pero aún necesita la mano de su madre. Así era Cassidy: sonriente, divertida y bailadora. Pero todo cambió cuando entró a la secundaria. El proceso de la niñez a la adolescencia no es fácil, mucho menos cuando un montón de compañeros se encargan de amargarte la vida. 




Todo comenzó con pequeñas bromas: le metían el pie al pasar, le escondían sus cosas y la avergonzaban cuando pasaba al pizarrón. Después de unos meses el acoso empeoró; dos de sus compañeras se convirtieron en su peor pesadilla, la seguían al baño y ahí la golpeaban. Patadas, jalones de cabello y hasta escupitajos eran parte de su día. 

Cassidy no quería ir a la escuela. Su madre creyó que era por rebeldía, hasta que tuvo claro nerviosismo y dejó de comer. De aquella niña feliz sólo quedó una mirada triste, retraída; prefería pasar los fines de semana encerrada. 

Su madre decidió sacarla de la escuela hasta que todo estuviera mejor, ella le contó un poco de lo que le hacían sus compañeras, pero lo disfrazó para que no sufriera. Linda llevó a su hija a terapia y poco a poco ésta fue recuperando las ganas de vivir, sorprendentemente quiso regresar a la escuela. Al parecer sus compañeras habían ¨cambiado¨ después de un duro escarmiento de la directora. 


El día en que regresó se disculparon y organizaron una reunión en casa de una de ellas, el fin de semana, para dejar el pasado atrás. Inocentemente Cassidy confió en ellas y ansiosa esperó que llegara la fecha, para asistir. 

Eran las 5 de la tarde. Linda ayudó a su hija a ponerse linda para el convivio, realmente se veía increíble. Luego la llevó. Cassidy estaba muy emocionada. Cuando llegó sus nuevas ¨amigas¨ la recibieron, se veían un poco nerviosas pero ella no le dio  importancia. Volteó hacia el coche, dijo a su madre que todo estaba bien, y entró a la casa. Había música pero ningún adulto; al parecer los padres de Megan estaban de viaje. 

Se dirigió a la sala y ellas le dijeron que la ¨fiesta¨ sería en el segundo piso. Cuando entraron Cassidy se sorprendió. ¿Quiénes eran esos dos chicos de aproximadamente 17 años? El miedo la invadió e intentó correr pero Megan cerró con llave. Los jóvenes la tomaron por la fuerza. Ella pidió ayuda pero con el alto volumen de la música era imposible que alguien la escuchara. Megan y la otra niña se quedaron quietas junto a la puerta y vieron cómo sus amigos le arrancaron la ropa y le ataron las manos a la cama. Mientras uno le sostenía las piernas, el otro la golpeó una y otra vez, la mordió de pies a cabeza. Los gritos de Cassidy poco a poco se apagaron, ya no tenía fuerzas para nada, su rostro estaba cubierto de sangre. Apenas se escuchaban un par de susurros. Megan y su amiga parecían disfrutar el dolor de su amiguita. 

Finalmente el adolescente abusó de Cassidy. Después de más de una hora torturándola siguió el otro, que repitió exactamente lo mismo. La dejaron largos minutos sola en la cama, luego Megan y la otra chica la metieron a la regadera y le aventaron una toalla y ropa. ¨Le dices a tu mami que nos hicimos tan amigas que hasta compartimos ropa¨. 

Cassidy regresó sola a casa, cuando Linda la vio entrar el corazón se le paralizó. Su niña tenía la mirada perdida, moretones en la cara y el cabello mojado. Escuchar lo que le había pasado la llenó de dolor e impotencia, fueron a presentar una denuncia pero Cassidy ya no quiso hablar frente a las autoridades y el caso se cerró. 

Se cambiaron de ciudad para empezar una nueva vida, sin imaginar que el fantasma perseguiría a Cassidy. Dos años después las pesadillas, el miedo a salir y los gritos constantes se volvieron parte de todos los días. Estaba traumatizada, su madre prácticamente la obligaba a comer y se la pasaba metida en su cuarto, sentada en la cama, viendo a la ventana y balanceándose lentamente de un lado a otro, mientras susurraba: ¨Déjenme, por favor¨. Era como volver al momento aquel. 

Pero aquella noche, justo dos días antes de cumplir sus 15 años, Cassidy tomó una triste solución: esperó a que Linda se durmiera. Tomó las tijeras que pidió a su madre para hacer una manualidad en la tarde, las pasó por sus muñecas y la sangre corrió por las sábanas. Linda ya no pudo despertarla con un beso por la mañana. El acoso, la falta de valores y la envidia de unos adolescentes le arrebataron a su hija y ella no pudo hacer nada. No es justo que por delincuentes una madre sufra.


¨Deseo con todas mis fuerzas que esos malditos se retuerzan de arrepentimiento y que las pesadillas no los dejen vivir tranquilos. Que en cada niña con la que se topen vean a mi niña Cass, y que si algún día tienen hijos entiendan el dolor que causaron¨, finalizó Linda.

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