Mira de dónde viene tu mal genio. Mira cómo controlarlo antes de que destruya tu vida…


He escuchado a muchas personas gritonas, insoportables e insufribles decir mil y una excusas para justificar la poca paciencia que tienen a sus hijos, a sus trabajadores, a sus amigos e incluso a su pareja: “yo no tengo la culpa de mi mal genio”, “así soy, ni modo”, “no me hagas enojar porque ya sabes que no me controlo”. En fin, frases como estas he escuchado muchas, pero… ¿qué tan ciertas son?

Durante años las mamás o las abuelas han dicho también que los hijos o los nietos heredan el carácter de cierto miembro de la familia, porque el niño actúa ¨igualito¨ que el tío, que su papá, su mamá o cualquier otro adulto a su alrededor, pero esto no debe sorprendernos tanto, pues los pequeños aprenden más del ejemplo que de las palabras.

¿A qué se debe realmente este rasgo? A continuación te explicaré un poco más sobre este delicado tema. 

1.El carácter también puede ser una conducta aprendida

Existe un importante estudio realizado por la Universidad de Minnesota en el año 1979, el cual probó que la genética juega un papel importante en el desarrollo de la personalidad, y por tanto del carácter de los hijos, sin embargo, se nota también fuerte influencia de conductas aprendidas durante la infancia. 


Hemos visto en casos anteriores que los hijos de padres que ejercen violencia psicológica tienden a desarrollar trastornos y traumas fuertes, generalmente adoptan dichas conductas durante la adolescencia al igual que en la etapa adulta. Así que no debemos juzgar a quienes tienen mal carácter, porque detrás de una persona insoportable existe una historia difícil. 

Si alguien cercano a ti manifiesta sus peticiones siempre de manera impaciente, se enoja con facilidad o grita para ser escuchado, piensa que ha tenido una vida llena de dolor y sufrimiento, y que quizá con ese “mal genio” trata de mostrarse fuerte ante el mundo, pues en realidad se siente vulnerable y no quiere ser lastimado nuevamente. 

2.¿Se puede controlar el mal carácter?

Muchas personas se resignan o no tienen la motivación adecuada para cambiar, pues siguen con la idea de que su mal carácter ha sido determinado por la genética. Pero a pesar de que esto tiene algo que ver, siempre es posible reflexionar y cambiar esa formación estricta para mejorar el ambiente familiar. 

Primero te recomiendo analizar la manera en que controlas las situaciones que están fuera de tu alcance. Si tu reacción es el enojo o los gritos y si el pasado o el futuro te hacen sentir ansiedad y tu primera reacción es la ira, quizá sea tiempo de comenzar a tomar una nueva actitud y tratar de cambiar esas conductas que sólo traen dolor a tus seres queridos. Rompe el ciclo hoy, no condenes a tus hijos a aprender esa conducta tan destructiva y negativa. 

3.¿Cómo controlar el mal carácter?

Hoy quiero compartir contigo una sencilla técnica para controlar esos arranques de ira que dañan a tu familia. Recuerda que el primer paso para lograr el cambio es la aceptación y una vez que eso ocurra, podrás trabajar para solucionarlo, verás que adoptando una nueva perspectiva podrás vivir en armonía. 

Haz una lista de tus reacciones. Cuando la ira ejerce control sobre una persona es muy complicado darse cuenta en el momento, por eso es importante en un rato de tranquilidad hacer una lista con las reacciones más comunes ante las situaciones cotidianas, como: la desobediencia de los hijos, el tráfico, los pleitos con la pareja, llegar tarde al trabajo, etcétera. Escribe con detalle cada una de las situaciones y trata de ser muy honesto, pues en dichas actitudes debes trabajar para mejorar. 

Ejercicio. Estudios han revelado que el desgaste de energía mediante el ejercicio tiene efecto positivo para reducir el estrés y para despejar la mente. No tienes que ir a un gimnasio, puedes darle una vuelta a la cuadra de tu casa, saltar la cuerda en el patio o jugar algún deporte ocasionalmente, verás que con más calma podrás analizar las situaciones frustrantes de manera más relajada. 

● Adopta los refuerzos positivos. No grites; antes de perder la cabeza piensa en la lista de reacciones que has hecho y las consecuencias que te ha traído actuar así. ¿Crees que con proceder de esa forma mejorarás la situación? Si la respuesta es no, respira profundamente y recupera la calma. Cuando estés en este punto puedes hablar o plantear una solución en lugar de gritar y perder la cabeza. Ten en mente que es muy fácil reclamar y culpar, pero lo mejor para resolver una situación desafortunada o estresante es proponer soluciones. 

Trabaja diariamente para mejorar tu carácter. Recuerda que los pequeños cambios aplicados cotidianamente son más efectivos; una manera fácil de comenzar es proponerte no gritar por dos horas al día, pide ayuda de tu familia para lograr tu objetivo, y conforme lo vayas cumpliendo aumenta el tiempo. Verás que el no gritar ni hacer corajes se volverá un buen hábito que adoptarás de forma permanente.  

Es bueno reconocer cuando las cosas se han salido de control, pero para mejorar es necesario cambiar. Como reflexión final comparto esta frase del célebre psiquiatra Viktor Frankl: 

“El destino no se puede cambiar, de lo contrario no sería destino. Sin embargo el hombre sí que puede cambiar, de lo contrario no sería hombre”.

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