Dos bebés nacen en el mismo hospital y sus padres sin saberlo, les llaman Romeo y Julieta


¿Hay algo más triste que seguir sin el amor de tu vida? No importa si la vida los separa, cuando se hace una promesa hay que cumplirla hasta el final. Cuando Christine conoció a Liam en la preparatoria sabía que su amor era imposible, que él ya tenía su vida hecha y no había espacio para una tercera, esa que siempre estaba para escucharlo, quien le daba la mano cuando caía, con quien podía ser simplemente él sin fingir, pero a la cual a pesar de todo ese amor, Liam no tuvo el valor para defender y comenzar de nuevo con ella …



Fueron años de vivir en el silencio, de esconderse de las miradas, fingiendo ser buenos amigos cuando en realidad se adoraban a morir. No había necesidad de decir nada, la forma en que se cuidaban era suficiente. Por su parte, Christine se conformó con el poco tiempo de Liam, con esperar a recibir una llamada después de la medianoche, no ser invitada a las reuniones familiares y llorar aquellos días en los que sólo necesitaba un abrazo. 



Después de 4 años las cosas ya no daban para más, la relación de Liam con la otra persona era cada vez más formal, así que Christine tomó la decisión de decir adiós al hombre que más había amado en toda su vida. Sabía que le costarían noches de desvelo, lágrimas sin parar y suspiros de esos que sientes que te arrancan el alma, pero lo hizo. 

Por su parte Liam, sabía que su corazón estaba con Christine pero la presión de sus padres y el qué dirán fue más fuerte, tenía que quedarse con la mujer que diera renombre a su familia, aquella con la que su madre lloraría de felicidad cuando lo viera caminando hacia al altar, sin importar lo que él realmente sintiera. 

La última noche llegó, Liam decidió pasar sus últimas horas de soltería al lado de Christine. El lujo no formó parte del adiós, ella cocinó la pasta que él amaba, él llevó una botella de vino y con las notas de sus canciones favoritas la madrugada llegó. La ropa quedó en el suelo y sus cuerpos no hicieron otra cosa que susurrarse un ¨te voy a extrañar¨ en cada caricia.  


Poco antes del amanecer, tendidos en la cama con las manos entrelazadas y mirando al techo con ganas de que ese momento fuera eterno, comenzaron a imaginar ¿qué hubiera sido de ellos juntos?, ¿cuántos hijos tendrían?, ¿casa de un piso o dos? , ¿cómo le harían si ella es alérgica a los perros? Entonces hicieron una promesa, si ella tenía un hijo lo llamaría Romeo y él le pondría Julieta a su princesa; se cerró el trato con un último beso. 

Los años pasaron; Christine encontró el amor, y a los pocos meses se casó. Pero la fuerza del destino nunca falla; a pesar de los años, el sentimiento estaba intacto, a pesar de que sus nuevas parejas eran lo mejor, algo les faltaba. Nunca volvieron a sentir esa adrenalina corriendo por la venas o el cosquilleo cada vez que escuchaban la voz del otro. 

Después de 5 años la vida les tenía una sorpresa, aquella mañana Christine comenzó a sentir dolores en el vientre y agua corriendo entre sus piernas, estaba lista para dar a luz.  Al otro lado de la ciudad se encontraba Liam trabajando, cuando recibió la llamada de su esposa, diciéndole que los dolores del parto habían comenzado. Christine y Liam estaban a punto de ser padres, cada quien por su lado. 


Christine y su esposo llegaron al hospital, ella no dejaba de gritar, el dolor era insoportable, sus piernas temblaban y parecía que acababa de salir del sauna con tanto sudor en el cuerpo. Mientras su esposo la tomaba de la mano comenzó a pujar… ¡Un niño! Tenerlo en sus brazos fue la mayor alegría de su vida y con un beso en la frente lo llamó Romeo. Más tarde la enfermera llevó al bebé al cunero para que Christine descansara. 

Del otro lado del hospital el bebé de Liam se estaba tardando, tenía el cordón umbilical enredado, así que practicaron a la mamá una cesárea de emergencia. Un par de horas después la pequeña llegó, esa princesa con la que un día soñó y a la que no dejaría que nadie le hiciera nada. A la bella Julieta también la llevaron al cunero. 


La fotógrafa que Christine contrató para tomar las fotos del nacimiento, se dio cuenta que al lado del pequeño había una niñita llamada Julieta, le pareció tan dulce que se lo contó a sus padres. Christine sentía que los latidos del corazón le rompían el pecho, no podía ser posible tanta coincidencia. Caminó lentamente hacia el cunero y ahí estaba Liam observando a su bebé, cuando él levantó la mirada vio a Christine vistiendo una bata blanca ¿era posible? Las lágrimas se apoderaron de esos dos ex amores. A pesar de las circunstancias estaban ahí, uno al lado del otro, viviendo el momento más feliz de sus vidas, pero sabiendo que al terminar el día seguirían diferentes caminos. 



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