“Busco una esposa para mi marido, que yo me muero” La triste carta de una mujer con cáncer


He visto con mucha tristeza matrimonios vacíos, que con el paso del tiempo se destruyen a causa de la rutina, los problemas de carácter que jamás se quisieron cambiar y las faltas de respeto que se hacían cada vez más fuertes conforme avanzaban los años, es una verdadera pena ver como dos personas que comenzaron su vida llena de sueños, esperanza, metas, amor e ilusiones, terminen odiándose ¿Y todo por qué? Porque realmente nunca se dieron el tiempo de conocerse y de ver mas allá de los defectos de cada uno. 

En contraparte, quisiera decirles que me he encontrado con una valiosa historia, una que me ha llenado el corazón de dolor, pero a la vez me da esperanza de ver que aun hay personas que saben el verdadero significado de la palabra matrimonio, pues esta es una unión sagrada, desinteresada y llena de cosas positivas, hoy me siento motivado a compartir la decisión tan valiente que tomó una mujer llamada Amy Krouse Rosenthal, quien publicó en el diario “New York Times” una carta sumamente peculiar ¿El motivo? Ella buscaba una mujer para su marido, pero la razón, seguro te dejará sin palabras.



Amy, una mujer nacida en Estados Unidos, ha dedicado su vida entera a su pasión: La escritura. Se convirtió en una prodigiosa escritora de libros infantiles, llegando a publicar más de 30 y además de realizar diversos cortometrajes y literatura para adultos, siendo una de sus obras más importantes “Enciclopedia de una vida normal”. Sin duda una persona valiosa para su profesión, y también una dedicada y amorosa madre de familia, así como esposa devota y amable, además de eternamente enamorada de su querido Jason Brian Rosenthal. Sin embargo, una noticia sacudió su mundo familiar hace algunos años y no de una manera positiva. 

El 5 de septiembre del 2015, Amy sintió un dolor agudo e intenso en el costado inferior derecho de su cuerpo, cerca de su cadera, su movilidad se vio afectada por el malestar durante unos minutos, pero como siempre, su esposo Jason estuvo ahí para ayudarla y juntos emprendieron marcha a ver a un médico, sin embargo, lo que pasaba no era bueno ni mucho menos un asunto que se pudiera controlar, pues tras algunos estudios, el doctor le diagnosticó cáncer de ovario… La pareja estaba en shock. Que terrible sensación la de saber que tu vida corre peligro, que es ahora corta y que está pronta a terminarse, negación, coraje, tristeza y un profundo miedo invadieron a la madre de 3 bellos hijos. Todas las metas, sueños y planes, se habían esfumado en un abrir y cerrar de ojos, tras leer un papel y después de años de carrera, vida y mucho amor hacia su familia.

Así señala en un fragmento de su carta, lo que sintió en esos desgarradores momentos: 

“La pareja regresa a casa el 6 de septiembre, y descubre en medio de la conmoción que ese día que supieron lo que se avecinaba también empezaba su vida como aves de un nido vacío. La menor de sus hijos acababa de irse a la universidad y los planes comenzaban a desvanecerse; Ya no habría viaje con mi esposo y mis padres a Sudáfrica. Ya no hay razón para buscar la beca de Harvard Loeb, ni para hacer ese viaje soñado por Asia con mi madre. Para qué pensar en intercambios laborales en India, Vancouver o Yakarta.” 

Sabía que no le quedaba mucho tiempo, sin embargo, quiso seguir viviendo su presente después de un arduo y complicado duelo, pues de todas maneras ¿Qué ganaría amargando sus últimos meses de vida? Pero lo que más me conmovió, sin duda, y despertó en mi esa admiración sin límites, fue lo que hizo Amy por su esposo, ella sabía que no tendría oportunidad de envejecer a su lado, pues el tiempo lo tenía ya encima, el cansancio cada vez era mayor, sus dolores cada vez más complicados de superar y aunque vivía cada día agradecida por una oportunidad más de completar su carta, no podía evitar pensar en que el final se acercaba… 

El amor, nos provoca cosas extrañas, sentimientos que no sabíamos que existían, cosas que nos hacen dudar, pero que al final, nos permiten dejar a un lado el egoísmo y pensar en la manera en la que redacta Amy su carta, pues aunque lo único que quería era algo de tiempo, sabía que no era posible ya… sin embargo, su esposo, su adorado Jason, seguirá en este mundo y ella, antes de partir, quería asegurarse de que tuviera una nueva oportunidad de amar.

Qué valiente, que bella persona la que tiene la consciencia de que no será eterna, la que ama sin ataduras, quien ve por su pareja antes que por ella misma, esta sin duda, fue su última prueba de amor, y así lo plasmó: 

“Quiero tener más tiempo con Jason. Quiero tener más tiempo con mis hijos. Quiero más tiempo para disfrutar de unos martinis los jueves en la noche en el Glen Mill Jazz Club. Pero eso no va a suceder. Probablemente solo me quedan algunos días como persona en este planeta. Entonces ¿Por qué hago esto? Terminé de escribir esto en el Día de San Valentín, y el regalo más genuino (que no sea un jarrón miniatura) que puedo esperar darle es que la persona más apropiada lea esto, busque a Jason y empiece otra historia de amor. Así que dejaré este espacio en blanco a propósito, para que tú y él puedan tener el nuevo comienzo que merecen” 

Y así como las aves dejan de cantar, el sol se esconde al anochecer y los ríos secos dejan muerte a su paso, Amy dejó su corazón, su cordura y todo su amor en el papel, y hoy la vida se ha encargado de seguir su curso. 

El día 13 de marzo del 2017, fallece la brillante, humilde y bondadosa Amy Krouse Rosental a los 51 años de edad, en Chicago, a causa de cáncer de ovario. Pero no cabe duda que la huella que dejó en este mundo, en la literatura, en sus hijos y en su esposo Jason, jamás podrá ser borrada. 

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