Vagabundo mexicano construyó una cámara con basura y sus fotos hoy valen millones



El arte muchas veces se presenta de maneras muy misteriosas, inexplicables, pero sobre todas las cosas de forma impactante, el mejor ejemplo es la aparición de un artista que rompió todos los esquemas, no solamente por su apariencia, sino por su originalidad e historia de vida que impactó a más de uno en todo Europa, mismo que fue considerado un loco, vagabundo, pero sobre todas las cosas, un genio de la fotografía. Su nombre es Tichy Miroslav Gonzalez, hijo de padre checo y mamá mexicana, quien fuera un personaje en situación que se dedicaba a la recolección de basura en el país donde más vivió, República Checa. 


Este genio escondido de la era moderna era un hombre solitario que únicamente vivía con sus memorias y la basura que recolectaba de los lugares más nauseabundos de todos en la ciudad de Kyjov, República Checa, pero fue en un punto donde su gran creatividad, ingenio y don natural para la fotografía llevaron sus obras a los museos más importantes del planeta.




Una vez terminando la Segunda Guerra Mundial Miroslav ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Praga, con verdadero entusiasmo e ingenio de ser alguien en la vida y destacar en esta bellísima profesión, sin embargo, el destino le tenía preparado una dura sorpresa, pues en 1948 las autoridades del país ordenaron cambiar a los modelos que posaban para ellos por obreros, algo que lo orilló a abandonar sus estudios definitivamente, y llevarlo a aislarse por las calles de su ciudad como un verdadero vagabundo. 


A comparación de muchos otros artistas en el mundo él nunca había tocado el éxito y terminó en situación de calle por su fracaso, al contrario, ese fue su estilo de vida durante muchísimos años, pero un día todo cambio, fue el día cuando decidió iniciar la construcción de una cámara fotográfica a base de desechos que encontraba en la basura, tales como latas de sopa, cajas y vidrios.

Increíblemente estos materiales vieron nacer una verdadera cámara, una caja metálica fue sellada con brea para impedir el paso de la luz a su interior, con tubos de metal y cartón, además de vidrios pulverizados por él mismo creó el lente, por si esto fuera poco también un botón improvisado hecho de varios deshechos encontrados en la basura, pero no satisfecho con esto, y queriendo al menos acercarse a las distintas modalidades de las cámaras modernas se dispuso a fabricar unas cuantas más con lentes de diferentes medidas y tubos más largos. Definitivamente Tichý se había superado a sí mismo. 


Sus obras únicamente retrataban la vida cotidiana de algunas mujeres que paseaban por el parque, que tomaban el sol o se encontraban en alguna piscina, sin duda unos temas bastante sencillos, incluso sus fotografías tenían un aspecto borroso, con papel rayado hecho por el mismo e impreso manualmente, además los marcos él mismo los coloreaba. Pudieran parecer extrañas sus fotografías, pero el verdadero encanto era la imperfección misma de la técnica manual la que llamaba mucho la atención de estas obras hechas por este captador de momentos. 


Para su suerte en el año 2000 un prestigioso crítico de arte descubrió a este inusual artista y organizó su exposición en la Biena del Arte Contemporáneo de Sevilla en el año 2004, su nombre era Harald Szeemann. A partir de ese momento su nombre estaba en el mapa, su trabajo recorrió las salas de exposiciones más aclamadas del mundo, como Madrid, Palma de Mallorca, París en el Centro de Pompidium y el más importante, el prestigioso Centro Internacional de Fotografía de la ciudad de Nueva York, el prestigio de Miroslav estaba subiendo cada día más. Actualmente, la colección de sus fotografías valen millones. 


Pero como ocurre con algunas de las mentes más brillantes y extrañas del mundo, Miroslav solo vivió hasta el año 2011 y no pudo disfrutar de su éxito, y aunque su reconocimiento dentro del arte fue alto él nunca asistió a ninguna de sus exposiciones, pero entre sus seguidores corre la historia de que cuando vio un catálogo de sus obras en exposición en su mirada únicamente había felicidad. Él se fue de este mundo con un recuerdo de unos cuantos, pero vivirá en la memoria de muchos la imagen de un hombre perdido entre la ciudad que cautivó a miles con su perfecta imperfección en la fotografía a base de desechos de la basura. 





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