Robó 2 latas de atún y lo sentenciaron a 14 años de prisión. Su hija tiene un importante mensaje


Vivimos la injusticia desde que despertamos, estamos acostumbrados con toparnos con historias que nos roban el corazón, aquellas que por alguna razón se vuelven virales, pero ¿Qué pasa con los lugares alejados? Donde no existe voz ni voto, donde los abusos se cometen a diario sin encontrar culpables, un pedacito de tierra en el que hay muchas almas lastimadas, donde comer no es parte del día, simplemente porque no hay, así le sucedió al señor Juan Ramón, en San juan Chamula, Chiapas cuando…


La situación en el país no es fácil, pero mientras tú te quejas por comer de nuevo lo mismo, hay cientos de personas que ya quisieran sólo una cucharada de tu exquisito platillo. A sus 37 años, Juan Ramón llevaba 10 años casado con su esposa María Eugenia, desde jóvenes sabían que su amor sería para siempre, a pesar de la pobreza y del estrés en el que crecieron, desde pequeños aprendieron a que en su pueblo no tendrían oportunidad de nada, ahí el rico es el que manda y a ellos les toca obedecer.  




Un lugar bonito, vestimentas y panoramas coloridos, gente cálida, muy trabajadora, así  es San Juan Chamula, sin embargo, pese a todo el esfuerzo, el dinero no alcanza. Los primeros años de matrimonio fueron pesados, con una bebé, Juan no dejó de trabajar, todos los días a las 4 de la mañana partía rumbo a la cosecha, con el fin de conseguir unos cuantos pesos, alcanzaban para que él y Eugenia comieran bien, pues le daba pecho a la niña, pero las cosas se pusieron peor cuando dos años después otra nena alumbró su hogar. Llevarlas a la escuela no era una opción, todos los días, Guadalupe, la mayor, acompañaba a su padre a trabajar. Pero inesperadamente la otra niña, Citlali de sólo 5 años, enfermó de fiebre, su madre la llevó a la capital, con el poco dinero que tenían, se encontraba muy grave, así que Guadalupe y su padre trabajaron sin parar, hasta que al cabo de unas semanas la pequeña y su madre regresaron a casa.  


Pero el destino es muy cruel y aún tenía algo peor, la sequía se apoderó de la zona, no había trabajo, gastaron TODO, no tenían nada, sólo cuatro paredes cayéndose a pedazos, un fogón sin usar y  los días pasaban, Juan Ramón ya no sabía qué hacer, ver a sus mujeres en esa situación le partía el corazón, ¿Qué haces cuando las personas que más amas tienen la mirada triste, mueren de hambre, pero no dicen nada porque no quieren preocuparte? Cuando sales y buscas empleo, pero no hay nada, cuando apenas y terminaste la primaria, el hombre esperaba a que ellas durmieran para llorar desconsoladamente, su familia moría de hambre, las niñas usaban la misma ropa de hace más de 3 años, las ojeras de su mujer le gritaban lo mal que estaban. Así que aquella madrugada, mientras ellas dormían acurrucadas en una cobija que apenas y las cubría de lo vieja, dijo: ¨Voy a traerles comida¨ y salió de casa. 




En el lugar los mercados son pocos, pero bien conocidos, así que Juan Ramón entró y sin pensarlo tomó 2 latas de atún, ni siquiera agarró algo más, sólo quería que su mujer y sus hijas tuvieran algo en la panza después de tantos días. Corrió todo lo que pudo, pero lograron alcanzarlo a mitad de camino, lo tumbaron al piso como todo un criminal, de manera violenta lo esposaron, entre varios hombres lo patearon una y otra vez hasta romperle las costillas, él no sentía los golpes, le dolía no haber podido correr lo suficiente, sabía que sus hijas no comerían nada esa noche y pensaba ¿Qué iban hacer? Las lágrimas eran por sus mujeres, no por todos esos maltratos. ¡14 años! fue la sentencia del juez, por dos latas de atún, ese juez al que no le importaron las súplicas de una esposa deshecha, ni ver a dos niñas descalzas preguntando por papá. 


Han pasado 7 años...Desde ese día María Eugenia se fue a la capital, con sus hijas, vive en una zona muy peligrosa, lo que ella puede pagar, tiene dos trabajos y todos los días se enfrenta a humillaciones de sus patrones, pero sabe que no hay de otra. 

Ahora aquella niña que le ayudaba en la cosecha a su padre, está por cumplir sus XV años, Guadalupe no quiere una fiesta de ensueño, no le interesa un vestido de princesa o tener un peinado lindo, ¨Si pudiera pedir un regalo sería JUSTICIA, pediría que mi país no sea tan cruel, que mientras los políticos gozan de lujos robando al pueblo, mi padre está pagando todos esos años, sólo por dos latas de atún, sí...El señor Juan Ramón sólo quería que cenáramos algo aquella noche, no lastimó a nadie, pero lo castigan, sólo por crecer pobre e ignorante¨  expresó Lupita. 


Su padre se encuentra tras las rejas, compartiendo celda con verdaderos criminales, en el penal del Amate. La pregunta es ¿Es justo que un hombre esté pagando tantos años por este delito, mientras hay miles de casos que siguen impunes, donde nadie hace nada? Hagamos algo por esta familia y ayudemos a que México se entere de la ¨gran¨ labor de las autoridades, condenando a inocentes sólo por su ignorancia y premiando a esos trajeados, egresados de escuelas de renombre pero más corruptos que todo el penal junto. ¡Despertemos! 



Recomendados
Recomendados