Mató a miles de perros con una droga. 2 años después bebió la misma droga por accidente y...



Cuántos no quisiéramos que la vida fuera como en la infancia, sonrisas, juegos pero sobre todo amor, los niños no tienen prejuicios, los desprecios y problemas van surgiendo con el paso del tiempo, ellos no ven las diferencias y si se trata de un ser vivo sólo quieren darle cariño, aunque sea un ser de 4 patas, peludo y que no deja de caminar de un lado a otro con su respiración agitada, los perros son los mejores compañeros en la etapa de la inocencia, por ello cuando Chien Chih-Cheng era una pequeña, dijo ¨Cuando sea grande quiero ser…


Veterinaria¨. De niños no tenemos mucha idea de lo que nos espera en el mundo, pero cuando descubrimos que esta profesión tiene contacto directo con los animalitos, enseguida se vuelve una opción, queremos ayudar a todos esos seres indefensos que habitan en las calles, aquellos que por alguna razón terminan comiendo basura, perdiendo su pelo y con los huesos marcados por la desnutrición. Pero poco a poco el tiempo nos abre los ojos, nos enseña que por más que queramos no podemos cambiar el mundo, porque sólo somos uno entre millones.  




Pero esta chica no se dio por vencida, su cariño por los perros abandonados era evidente, hacía todo por ayudarlos. Los años pasan rápido y en cuanto menos lo pensaron Chien ya había terminado la Universidad, una veterinaria con honores, graduada de la mejor Universidad de Taiwán, estaba lista para servir, así que terminó en uno de los refugios para perros de la ciudad. 


Pero recuerda, no es lo mismo la teoría, es decir, toda esa información que los maestros transmiten en la escuela a la verdadera práctica y si hay algo cruel en la tierra, siempre será doblemente peor en la realidad. La carga emocional que enfrentaba a diario esta chica era inexplicable, ver animales maltratados, muriendo lentamente le partían el corazón, pero lo que le arruinó la existencia, fue aquella tarde en la que cometió un crimen por primera vez, ella que desde pequeña defendió el derecho de la vida en los animales, ahora tenía que privarlos. No tenía opción, era por su bien para que dejaran de sufrir y porque de lo contrario enfermarían al resto de los animales. ¿Pero realmente era por su bien? 


Chien caminó hacia el mostrador lentamente, como si así detuviera el final, tomó la cajita con la infusión, una droga letal, sus manos sudaban, sentía como el corazón le palpitaba de manera acelerada y mientras llenaba la jeringa, pensaba en todos esos sueños, en lo que ella creyó que era un refugio para perros. La víctima ya estaba en camilla, un labrador, que lo único que tenía era vejez, pero ya no había espacio para él, así que le inyectó el líquido para matarlo. Fue el peor día de su vida, lloró toda la noche, pero entendió que eso iba ser parte de sus días en el trabajo. 




Se volvió adicta al lugar, trabajaba horas extras sólo por gusto, ni siquiera se daba el tiempo de comer bien, así que cuando menos lo pensó ya estaba viviendo en un desequilibrio mental, lucía nerviosa todo el tiempo, ya no era cariñosa con los canes, tenía apatía y enojo a diario, pero algo cambió, cuando se encontraba sola descargaba todo eso en los animales, golpeándolos cruelmente, para después llorar arrepentida. Había entrado en un círculo vicioso, donde siempre decía que no lo volvería hacer, pero el siguiente día, era peor. Cada que sabía que iba haber un sacrificio, le decía a sus compañeras que no se preocuparan, pues ella lo hacía con gusto. Uno trás otro, inclusive se encontraron expedientes en los que asesinó a perros sólo por hacerlo, pues había suficiente espacio en el lugar y aún así lo hizo.


La sonrisa que se le formaba en el rostro cada que iba inyectar veneno mortal a los perros daba terror, se había vuelto una asesina por gusto, disfrutaba cada momento e inclusive no dormía al animal para ver como se retorcía y agonizaba antes de su muerte. Todo el amor, esa inocencia y sus sueños se habían esfumado, la presión no pudo con su mente y se convirtió en la mayor asesina de perros en la historia, con más de 1000 muertes a su cargo en dos años, 400 sin motivo aparente. Chien se había vuelto una experta en ocultar sus crímenes, cambiaba el veneno a frascos de vitaminas y si alguien preguntaba la razón de la muerte inventaba algo. Además, ¿Quién iba dudar de una joven tan respetada en el área? 


Lo que nunca imaginó es que terminaría siendo víctima de sus propios engaños, pues debido a que trabajaba casi 18 horas seguidas, su mente siempre estaba en otro lado, así que aquella mañana era hora de sus vitaminas, pero por equivocación terminó tomando de un solo trago el arma letal, fue inevitable, el líquido se apoderó de cada parte de su cuerpo y la atacó en segundos, una convulsión instantánea, los movimientos involuntarios se hicieron presentes, sus ojos volteados acompañaron la boca llena de espuma y finalmente un paro cardíaco le arrebató el último suspiro. Quedó tendida en el mismo cuarto que asesinó a tantos perros, su compañera la encontró, pero ya era demasiado tarde, ese veneno no falla y la mala salud de la chica no le dio oportunidad de por lo menos llegar al hospital. Entonces ¿Quién es el culpable aquí? ¿Un asesino nace o lo hacen las circunstancias? ¿Cómo pudo ser que la misma persona que quería ayudar la que terminó haciendo tanto daño? 



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