2 palabras que NUNCA le debes enseñar a tus hijos si quieres que sean exitosos


Las palabras tienen un poder enorme, muchas veces no lo notamos, pero la manera en la que comenzamos una oración puede determinar el éxito o el fracaso de nuestros planes, pues en ocasiones nos vemos frenados por nuestra propia mente, recuerda que lo ideal para atraer la mayor estabilidad y el equilibrio a tu vida, es pensando siempre de manera positiva. 


Decreta cosas buenas y trabaja para que todo lo que deseas, llegue a su tiempo, para ello debes cultivar la paciencia, pues es la única manera de obtener la serenidad que necesitas en los momentos de desesperación que inunden tu porvenir. Para ello debemos comenzar con un ejercicio simple, este cambio que aparenta ser insignificante puede traer grandes cambios a tu vida, verás que ese sombrío panorama se convertirá en un horizonte lleno de luz si afrontamos las adversidades con la mejor actitud. 



Para lograr todo ésto, les explicaré un poco sobre las enseñanzas del libro “Padre rico, Padre pobre” de Robert Kiyosaki quien asegura que cambiando un par de palabras de nuestro vocabulario, tendremos el poder de crear un futuro más próspero e incluso alterar nuestro comportamiento, pero de una manera sumamente favorable. Te invito a que reflexiones lo siguiente. 

Deja de lado la palabra “pero” 

Según el profesor Bernard Roth de la Universidad de Stanford, si cambiamos la manera en la que expresamos nuestros pensamientos, el cerebro podrá procesar de manera más eficiente ciertas actividades; cuando usamos la palabra “pero” estamos utilizando un enfoque negativo. Un ejemplo muy claro de ello es la siguiente frase: “Quiero visitar a mi madre pero tengo que trabajar” En este caso el “pero” está creando un conflicto entre ambas acciones de la oración, pues ésto implica que si vas a visitar a tu madre, no podrás trabajar, o viceversa. 

Evita esa palabra, puedes sustituirla por “y” de esa manera el cerebro procesará ambas partes, por lo tanto tu mente se hará a la idea de que es posible hacer ambas cosas sin entrar en conflicto. 

“Quiero visitar a mi madre y tengo que trabajar”

Este método, no solamente te hará planificar mejor, sino que hará una gran diferencia en la percepción de tus responsabilidades y el tiempo de esparcimiento, todo es cuestión de encontrar el equilibrio. 



No digas “Tengo que hacer” 

No hay que confundir entre obligaciones y responsabilidades, la primera tiene un vínculo asociado a la negatividad, es sinónimo de pesadez. El problema principal del “tengo que hacer” es que nos recuerda a una lista interminable de pendientes, cosas que nos tomará un largo tiempo hacer, además que no suena nada alentador ni mucho menos divertido para realizar; pero algo muy fácil y efectivo que podemos hacer es cambiar el “tengo” por “quiero hacer”. 

El sentido de la frase cambia enormemente, ya que si interiorizamos ese deber como un gusto o una elección propia, la manera de hacer las cosas será diferente, pues el cerebro quedará programado con una orden positiva, que será mucho más poderosa que todo aquello que no ha sido por elección propia. 

Solamente un par de ajustes requires para guiar tu vida de la mejor manera; desea lo bueno y el poder de tu mente atraerá a ti lo mejor. 

Te dejaré aquí una frase matona para terminar con el tema del día de hoy: 

“El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona el reflejo de sus propios pensamientos” 
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